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jueves, 13 de agosto de 2020

Un camino hacia la Tercera República.

 La monarquía ha perdido buena parte de su prestigio. El CIS no se atreve a incorporar una pregunta sobre república o monarquía, por si acaso. Muchos reclaman ya un referéndum. Pero no es tan fácil. Cambiar el modelo de Jefe del Estado requiere cambiar la parte dura de la Constitución. Si creemos que la opinión de los líderes políticos representa la opinión de sus votantes, no hay mayoría cualificada para modificar la Constitución en ese sentido.

Sin embargo, hay una vía alternativa. Nadie puede ser obligado a ser rey, ni siquiera por la Constitución. El bisabuelo del rey actual ya recorrió ese camino. "Aquí os quedáis, que pintan bastos". Como no están las cosas para revoluciones, vivimos demasiado bien, habría que convencer al rey de que se fuera por las buenas. Para los Robespierres de salón, sería una gran decepción: ni juicio a los borbones, ni devolución de lo trincado. Pero, en fin, sería un advenimiento de la república tranquilo.

Me parece más fácil que convertir al republicanismo a un montón de monárquicos.

miércoles, 22 de julio de 2020

Lecciones de fútbol: los árbitros.

Hace muchos años, cuando se tenía que celebrar el referéndum de la Constitución, a los profes de EGB les cayó el marrón de explicarnos qué era aquello. Nos explicaron, por ejemplo, que el Rey reinaba pero no gobernaba, que como un árbitro.
El mejor arbitraje es aquél que hace que, cuando acaba el partido, nadie hable del árbitro.
Y ahora se habla mucho del Rey.
Aunque la comparación, como todas, era incompleta. Sin árbitro, no se puede disputar un partido de fútbol. Sin Rey, se puede tener un estado.

martes, 3 de junio de 2014

Si tenemos que pintar...

Un régimen en el que puedes escoger el Jefe del Estado es más democrático que uno en el que no puedes hacerlo. Sin embargo, como bien dice Javier Cercas, la democracia es mucho más que eso. Yo también prefiero vivir en una monarquía como Suecia que en una república como Siria, o como Rusia, si  no queremos salir de Europa para hacer comparaciones, o como Hungría si queremos centrarnos un poco más y quedarnos en la UE. Es más: ni Reino Unido, ni Países Bajos, ni Dinamarca, ni Noruega, ni Bélgica tienen carencias democráticas superiores a las de sus vecinos. 
Haciendo un paralelismo, una casa con las paredes de sus habitaciones blancas será más luminosa que la misma casa con las paredes en tonos salmón. Pero mucho más importantes que el color de las paredes, serán la orientación, la altura o el tamaño de las ventanas. Si nuestro principal objetivo es tener una casa más luminosa, quizás no sea una buena idea gastarnos nuestro presupuesto en pintores.
Eso sí, si tenemos que pintar la casa por cualquier otro motivo, bueno es tener en cuenta que el blanco es más luminoso.
Y, a raíz de la abdicación, en España hemos llamado a los pintores.

sábado, 16 de abril de 2011

La Tercera República.

En el 80º aniversario de la proclamación de la Segunda República Española, algunos, pocos, se han lanzado a homenajes sinceros a una de las pocas victorias del pueblo en la larga historia de España. Otros, más importantes en número, se han limitado a pequeños reconocimientos. Supongo que la izquierda española no se atreve a celebrar algo que es anticonstitucional, unas pequeñas dosis de hipocresía. Como completos manipuladores de la historia se han mostrado los articulistas de derecha que han calificado la Segunda República de periodo catastrófico, sin pararse a compararla (supongo que no por olvido) con las dictaduras que la precedieron y sucedieron. Reveladores me han parecido los homenajes realizados desde los "nacionalismos periféricos" como el que realiza Iñaki Anasagasti en su blog, me convencen aún más de que no hay mayor acicate para el independentismo que el centralismo, que otra España en la que se sintieran a gusto más españoles es posible.
Desde aquí, reivindico la República. No es necesariamente mejor que una Monarquía, pero en una carrera de modelos democráticos, sale con un metro de ventaja.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Homenaje a Cataluña

Acabo de leer este libro de George Orwell. El invierno pasado leí La guerra civil española, de Antony Beevor. Éste desde el formalismo académico y aquel desde el apasionamiento de quien lo vive desde dentro, me llevan a la conclusión de que Franco no podía perder la guerra. En el bando republicano había demasiada gente más dispuesta a imponer sus ideas con las armas que a defender la República, demasiada gente que prefería apuntar sus armas al rival que tenían más al lado antes que al enemigo que tenía enfrente. Da la impresión que una victoria republicana hubiese desembocado en una nueva guerra civil por administrar la victoria. La primavera del 37, en Barcelona, ya se inició un amago de guerra civil dentro de la guerra civil