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martes, 23 de junio de 2026

El gilipollas del pañuelo.

En 2007 corrí mi primera carrera popular. En la salida me presenté con una camiseta de algodón de manga corta y unos pantalones de uno de mis últimos equipos de baloncesto. Las zapatillas eran específicas para correr, de la gama de iniciación. Pronto me di cuenta de que desentonaba. Hasta en mi cajón de salida, el de los que solo aspiran a acabar, la gente iba bien equipada.

Algunas de las tendencias las adopté pronto. La segunda carrera ya la disputé con la camiseta técnica que me dieron en la primera. Vi mucha gente que corría con malla. Yo sabía de la tele que las mallas son para los velocistas. Los fondistas corrían con pantalones muy corto con cierto vuelo. Para ventilar, supongo. Me compré unos. A las cuatro o cinco carreras, harto de acabar con los muslos irritados por el roce, me compré unas mallas que me quedaban fatal pero protegían mi delicada piel.

Algunos artilugios me parecieron exageraciones absurdas en las que nunca caí. Ver a gente con mochilas-cantimplora o cinturones porta-gel en carreras de cinco kilómetros me daba ganas de preguntarles si tenían miedo de perderse y tardar horas en llegar al siguiente punto de avituallamiento.

Pero los que de verdad me dejaban ojipláticos eran  los que llevaban bragas de cuello colocadas en la cabeza como un pañuelo pirata largo. ¿Se sentían más aerodinámicos? ¿Tapaban una incipiente calva con esa melena de tela? ¿No querían ser reconocidos y por eso llevaban unas gafas de sol además de la braga?

Hace un año me operaron los ojos para quitarme la miopía. Desde entonces, los tengo más irritables. Cuando me entra sudor, me molesta mucho. He probado varios métodos para que me entre menos sudor hasta que he descubierto el que por ahora me resulta más eficaz. Corro con una braga de cuello colocada en la cabeza como un pañuelo pirata largo. Ahora soy yo el gilipollas del pañuelo.



jueves, 9 de septiembre de 2021

En defensa de los prejuicios.

Hace ya 25 años que Deep Blue ganó su primera partida contra Kasparov. Para los jovencitos, Deep Blue era un ordenador programado para jugar al ajedrez. Aunque ganó aquella, el encuentro era a seis partidas. Las cinco restantes se saldaron con tres victorias de Kasparov y dos tablas. Deep Blue tenía una capacidad de cálculo descomunal para la época y era capaz de probar millones de jugadas para escoger la que consideraba mejor. Kasparov no tenía esa capacidad, pero sabía descartar muchas jugadas sin analizarlas porque sabía que eran malas. El hombre ganó a la máquina porque tenía prejuicios. Los prejuicios nos permiten tomar decisiones más rápidas y, si tenemos buenos prejuicios, sin provocarnos demasiados errores.


martes, 11 de agosto de 2015

Los prejuicios cambian.

Hace treinta años, nuestra sociedad era permisiva con la violencia de género. Hasta existía un eufemismo para esa lacra: crimen pasional. Si, por aquellos años, hubiesen aparecido muertos por impactos de bala los cuatro miembros de una familia, si la familia tuviese un elevado tren de vida, si no se supiera a ciencia cierta a qué se dedicaban los padres, si el juez hubiese decretado el secreto del sumario, si nada hubiese transcendido de la investigación; probablemente hubiésemos sospechado de que se trataba de un ajuste de cuentas, casi  con toda seguridad, por tráfico de heroína.
Hace una semana, pasò lo que he descrito y todos sospechamos que se trata de un asesinato machista.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Prejuicios al redactar noticias.

Hoy he oído por la radio:  "un grupo de inmigrantes ilegales se han ahogado en alta mar". Si se han ahogado, no han llegado a su destino. Si no han llegado a su destino no son inmigrantes. Si no son inmigrantes, no pueden ser inmugrantes ilegales. Luego, para cualquier delincuente pillado in fraganti, no se les olvida decir "presunto".